martes, 30 de enero de 2018

LOS PURGADOS


A veces las visitas imprevistas de amigos especiales tienen cierto matiz reconfortante, como si de un bálsamo reparador se tratara. Si el mismo amigo repite la visita, la reparación puede resultar reforzada y visualizar el todo como un proceso típico, aceptado y sustentado en principios y bases empíricas.

Se acercó en estos días, a extender un poco de su ciencia y bagaje por estos lares, un hombre experto, fino, visionario e incomprendido por aquellos que nunca han mirado más allá de la siguiente esquina, más allá de la agenda del siguiente día o más allá de las tres de la tarde.Otros no solo le entendemos, sino que compartimos sus conclusiones, sentimos admiración, respeto, deseo de igualarle o al menos, formar parte de su club, el Club de los Purgados.

El es…de esa clase de personas con las que te embarcarías en proyectos, porque su brújula siempre apunta certera, porque despoja y desgrana desechando lo innecesario y redundante, porque es genuino y genial, admirable y brillante, y fundamentalmente persona, íntegra, con principios y valores.
Su especial saber estar en todos los contextos y su superioridad en términos de
conceptualización y resultados, sustenta todo lo anterior. Un bagaje de vida extraordinario.
Yo lo llamo sabio pues ya vino del futuro, lo probó y vuelve para contarlo.

Entablamos una charla encadenada a la de la última ocasión, con él no es necesario
contextualizar así que, retomamos entendiéndonos desde la primera compostura. Una cata de vino, momentos de descanso y otro sabio impertinente eran nuestros socios.
Él tiene dos aspectos muy claros, cómo resolver una gran parte de los problemas que afectan a nuestro sistema sanitario actual, desde una perspectiva de cambio de comportamiento profesional y favorecido, o no obstaculizado, por políticos y sus objetivos cortoplacistas. Y también, cómo funciona nuestro sistema, esto es, de manera inapelable, “porque así es el modelo y como así es el modelo, no lo podemos cambiar.”
El sostiene, y aseguro que no habla de boquilla, que los buenos o excelentes solo pueden
actuar, cuando tienen oportunidades y encuentran una brecha, una grieta o un momento de
acción y facilitación. El sistema no permite que continúen y les saca del mismo, anulándoles y condenándoles a dejar de hacer. Les dificulta y entorpece para que no se filtren y fluyan con sus capacidades en otros menesteres, incluso accionan mecanismos de inhibición dentro y fuera de jurisdicciones ajenas al ámbito propio.

Decía que, en esas pequeñas grietas, periodos de tiempo, ofrecimientos de proyectos,
oportunidades, es donde los buenos, los brillantes, los que a la postre creen en el sistema, sin saber que el modelo es equivocado y ruin, pueden y hacen EXCELENCIA. Esos, los buenos suelen dejar cimentada una estructura y estrategia planificada con acciones a largo plazo, más las cumplidas y las por mejorar. Pero nada más que eso, pues el modelo, que siempre (y esto lo afirma taxativamente) tiende a empeorar, acabará con ellas en el corto-medio plazo, pues no permite que proyectos de éxito permanezcan en la esfera de lo brillante.
Afirma con la misma contundencia que ya no estamos en CRISIS, sino en LISIS y en breve
adoptaremos otras formas de provisión, pago y financiación, ya os dije que viene del futuro.

Tuvimos, es cierto, una oportunidad en esta recién pasada crisis, una crisis muy dura, pero ni a quien correspondiera, fue valiente, ni otros agentes sociales tampoco facilitaron el entendimiento responsable. Los profesionales fuimos afectados y tampoco generó un cambio de comportamiento, probablemente por la falta de confianza y también de inspiración en nuestros “siguientes”, tanto sociales, como económicos y políticos.
Yo le escucho embelesada, desde la confianza y también desde el temor de que no se equivoca. 
El sistema y sus personajes protagonistas rigen y son regidos por los principios que conforman este modelo sin par. Principio de Peter, Ley de Parkinson, Principio de Dilbert, Efecto Pigmalión, entendido como amenaza, Efecto Dunning-Kruger y por qué no, también la Teoría de la estupidez de Cipolla, y otros síndromes ya manejados por todos y sufridos por afectados en mayor o menor medida.

Todos esos principios reparten suerte entre “ellos” y desgracia desmedida para los implicados en la excelencia, lo que deriva en un absurdo e innecesario desperdicio de profesionales excelentes, y como bien es sabido, el propio concepto de excelencia, se sustenta en principios de ética profesional. Ya dijimos en otro momento, que el sumidero se traga a algunos excelentes que ya no quieren “saber”, y desmotivados por la sinrazón inexplicable, perdieron la adhesión cansados de luchar contra mediocres y algún obsceno presumido. Otros en esa misma tesitura pasaron desde la acción alternativa, al Club de los Purgados, donde con rigor y convencimiento sustentan por otras vías, el camino de la verdad, la excelencia y la defensa de un sistema competitivo que ha de frenar esta LISIS, también de valores, principios, sociales, políticos y económicos, aun sabiendo que el modelo es el modelo, y siempre irá a peor.

Por ellos y otros asuntos más… brindamos... ¡por un Club de Excelentes!






sábado, 6 de enero de 2018

OS VOY A CONTAR UN CUENTO


Hace ya unos años, casi 20, que vivo en una zona céntrica de una ciudad al norte de España, si no la más bonita, la más preciosa por su entorno peculiar, rodeada de playas a pocos minutos del centro, con arenales que sobresalen en plena bahía, una bahía preciosa, pequeña y blindada entre la montaña y la ciudad. Orientada al sur, en este Norte frío, rodeada de nieve en muchas ocasiones, y cálido dependiendo de los vientos que penetren, independientemente de las predicciones meteorológicas, nuestro querido viento sur, y sus “suradas”.  

Veinte años observando una zona al principio vivida como impersonal, entre recuerdos de origen, nacimiento, sensación de ciudad de paso y desconocimiento de dónde será el futuro.
Poco a poco la vida, mi vida, la tuya, transcurre entre acontecimientos, alegrías, momentos, celebraciones, dolor, experiencias, penas, felicidad, reencuentros, pérdidas, éxitos… personas que conoces, que entran, salen, se quedan y otras que permanecen ya de forma perenne.
Lo mismo ocurre con las personas que conviven en esta zona de mi “centro”, conocer a las personas de la vida cotidiana del día a día, de los sitios y de las compras donde te abasteces, es un valor añadido que valoras con el tiempo, cuando sientes que has relajado las distancias blindadas de rutinas inaccesibles y de prisas dedicadas a tu intimidad familiar, a tus hijos…
Es cierto, sin embargo que en ese “vivir”, observas personas a las que retienes por detalles que no puedes obviar y que por sentimientos que llaman tu atención o evocan tus recuerdos más anclados, vuelves una mirada hacia ellas.

Alrededor de mi manzana, lo más céntrico de la ciudad, me suelo encontrar a ritmo de paseo, dos señoras de edad avanzada, siempre a ritmo casi militar, siempre juntas, pequeñas, del brazo. Parecen mellizas, lo que es seguro es que son hermanas. Visten prácticamente igual, el pelo recogido en forma de moño bajo, rizado, canoso, de cara menuda y semblante firme, graciosas, entre ellas no filtra el viento. Pero descubro felicidad entre ellas, lazos firmes, “de Santander de toda la vida”.
Me intrigan, me provocan, me parecen interesantes, las descubro amenas, con mucha vida,  y mucha tranquilidad en plena juventud senil. Muy frecuentemente las veo, de ida si yo vengo, o de vuelta si yo voy. Las observo y miro con mucho cariño, como quien quiere saludarles por conocidas y caigo entonces en la cuenta que irán tan a lo suyo, que no caerán en cuenta de tantas personas que cruzan el centro a diario.   
   
Un día cualquiera, esta semana de Navidad, se respira ese “algo” en el que la gente empieza a transformarse y que entre modales y ademanes parece desvanecerse la acumulada “tensión” del año. Salgo con paso firme calle abajo y en la transversal ancha… aparecen ellas, caminan firmes vestidas en mismo estilo y compostura de siempre y viendo cómo van a coincidir a mi altura, las miro, me miran, sonrío y más… me observan, se despegan y una de ellas, se echa la mano a la boca, diciendo antes…-ay…, espera… y yo sonrío más, sin dar crédito a la magia, pero encantada.
-Espera…te conozco… -y me mira-,… enfermera…!
Atónita, dije: -sí, enfermera!. Y entre batiburrillos y alborozos comenzaron entre ellas a dilucidar y descubrir cómo, por qué y dónde…-y ¿cómo te llamas?, -Zulema, y sí, soy enfermera, pero no nos conocemos por ello, creo. Vivo aquí y ustedes también, creo adivinar. Les conozco de verles, siempre juntas del brazo, pasear como un frente infranqueable, llenas de vida, saludando a sus amigos, siempre con mucha energía y con derroche de vitalidad, siempre las miro con mucho cariño.
-… ¡Bueno no te creas!, también reñimos, pero si es cierto, vivimos aquí, de toda la vida, en esta calle, te podemos ver desde el balcón, tan cerquita, Yo soy Tona y ella Chus. Nuestros padres vivieron aquí, antes de reconstruir el edificio y nosotras nacimos aquí, y aquí seguimos.
-Qué gusto, pues me encanta saludarles…
-¡Por favor!, trátanos de tú, que nos haces mayores…ja, ja, ja, y llámanos siempre, qué gusto, danos un beso.
-Por supuesto, y ¡Feliz Navidad!

Las besé, juntillas, se emocionaron, me emocionaron, entrañables…
Me habían sujetado la mano, una y otra, al despedirnos, una de ellas se aferró y apretó hasta que nuestros brazos se extendieron al iniciar la marcha…

Feliz Navidad Tona y Chus.         

sábado, 9 de diciembre de 2017

MI DIR


Cada día recogemos más y más información, opiniones y referencias diversas de nuestro entorno y otros ajenos con muchos denominadores comunes y que por tanto, compartimos y sumamos a nuestro constructo. Gracias también a nuestros contactos en red y las propias redes sociales, estamos más actualizados en conocimiento corriente y específico, generando por ello, más caudal de opiniones y más espíritu crítico. Compartimos, generamos foros de discusión aportando y dando valor y adherimos  nuestra conciencia profesional a la evolutiva y dinámica sociedad.

Según esto y según el alcance tan próximo de fórmulas y medios para formarse, intercambiar y experimentar hoy en día, y desde un punto de vista profesional, permanecer en la ignorancia o en la desidia parece más un ejercicio voluntario que un impedimento insalvable y por tanto reprochable cuando la actitud se sobrepone en contra del crecimiento y proyección. No solo el propio sino el de las personas que pudieran estar colaborando bien en tu área de trabajo o en dependencia absoluta directamente de ti.

Por tanto, estar actualizado, formado y con actitud a propósito de un fin encomendado, parece necesario, ineludible y muy poco excusable. Si tenemos en cuenta el entorno tan competitivo y cambiante podremos observar que existe cierta diacronía entre lo que pensamos, opinamos, nos formamos… y lo que vivimos realmente en nuestras organizaciones, observamos también que nos posiciona en desventaja contra un ritmo más acelerado respecto a otros sectores. Aún más, contra el cronológico.  

En lo que a organizaciones sanitarias se refiere, parece que el foro de opinión profesional centra el foco en los hospitales como núcleo de problemas y coyunturas en el establecimiento de prioridades necesarias para el desarrollo profesional, al menos del colectivo más mayoritario y que más peso asistencial soporta.

Aún a pesar de los distintos aspectos en los que podríamos profundizar, intrínsecos a la profesión, internos de organización y externos de planificación y presupuestación entre otros, y también más específicos, resulta redundante, y hasta asumido por consentimiento generalizado, el comportamiento de algunos y ciertos gestores de esta, nuestra profesión enfermera. De una manera u otra y por distintos medios se aglutinan las distintas y numerosas opiniones al respecto destacando la escasa involucración de direcciones de enfermería, salvo contadas excepciones y con escaso poder extramural, para sumar valor al posicionamiento interno de identidad profesional.

Un valor mermado por escasa y pobre actuación de responsables, al hilo de un liderazgo frágil, el de dichas direcciones. Se echa en falta un protagonismo auténtico, capaz y no exento de fuerza necesaria, para las contradicciones de un sistema que en sí mismo no facilita a dichos profesionales la cohesión interna.  Muchas veces la dirección es más bien confundida como un sistema de control delegado que reprime la expansión necesaria para lograr los desdibujados objetivos o insostenibles argumentos por carentes planes.

Necesitamos direcciones implicadas, atrevidas con identidad profesional colectiva, como elemento globalizador de peso que equilibre las necesidades de los profesionales en el desarrollo autónomo y profesional y por supuesto, la actuación consecuente de lo que de ellos se espera. Unas direcciones que regeneren la “marca profesional”, con capacidad de decisión en el marco de las decisiones conjuntas asistenciales y con participación en procesos, con cuenta de propuestas y de marco, también de presupuesto, con planificación y evaluación para la mejora. Esta regeneración es posible no solo por resultados extrapolables, difundibles y necesarios para el reclamo social, la adherencia colectiva y la coherencia disciplinar, sino que previamente hay que trabajar en la mejora de equipos y a través de los mandos intermedios.

Ellos son canalizadores y transmisores con responsabilidades operativas y estratégicas. Han de estar formados en las competencias necesarias para su desarrollo profesional y el que desempeñan. Habilidades personales, profesionales y sociales. Parece de alta exigencia pero nada más desolador para nuestro colectivo, ya de partida en clara desventaja respecto a otros, que un staff de profesionales desencantados, carentes de motivación personal o profesional que justifican su permanencia, por el confort y miedo a la pérdida del mismo y del tan necesitado por muchos, el estatus social que le confiere dentro de la organización y también fuera. Otros permanecen ante el claro convencimiento de que algún día aquello que no les gusta cambiará, y aguantan sujetos y firmes, bien intentando sostener algún criterio, bien  trasladando sin discriminación, ni filtro, su “disconfort” a profesionales. El desasosiego puede ser la menor de las consecuencias, pero internamente todos y cada uno de los profesionales procesa la indiferencia, la falta de orientación e incluso la omisión consciente, como efecto devastador en el seno de los equipos.

El interés inequívocamente ha de ser profesional, de todos y para todos, la formación es necesaria y ha de ser calculada para tal fin. Así como la responsabilidad en asumir la gestión como un encuentro en el que servir en distintas direcciones, ha de ser profesada con dedicación y ello ha de superar al individualismo e intento de crecederas personales y profesionales. Por ello la responsabilidad de los gestores enfermeros ha de pasar por una reflexión seria sobre el imponderable cometido y lo que de ellos se espera, pero lo que no hemos de permitir como profesionales, observadores, afectados, o partícipes son “suicidios profesionales” en formas diferentes y con consecuencias nefastas no solo personales si no para mayor detrimento de una profesión valiosa que lucha todos los días contra la ignominia de propios y ajenos.         




miércoles, 29 de noviembre de 2017

EL MISMO GÉNERO


Desde hace mucho tiempo, sigo con mucho interés lo movimientos de comunidades u organizaciones y también a grandes referentes o líderes que desde una perspectiva humanista y global persiguen acercar conciencias en temas como la igualdad, la violencia de género y el emprendimiento femenino, entre otros.

El fin último, bien podría ser el acercamientos entre géneros para una visión compartida y  participación conjunta y unívoca, que nos haga crecer como complementarios, sin el tan dificultoso esfuerzo de ser mujer en ámbitos no tan normalizados en cotas de género, y también en otros no solo normalizados, sino mayoritarios.
Una motivación y un interés que ha ido creciendo, a medida que he sido consciente del entorno que enmarca a mi profesión y madurando también en el proceso de desarrollo y crecimiento profesional. Un entorno, sanitario, particularizado, y no exento de una transformación paulatina, en cuanto al peso y distribución de género en sus diferentes profesiones.

En dichas organizaciones trabajan mujeres con muchas capacidades de innovación, de trabajo, de emprendeduría, de conjugación de ritmos vitales, de mantenimiento y cuidado de los de otros, de superación, de vivencias hostiles, de ambientes misóginos y clasistas, profesionales que dejan huella en el destino y fin de su trabajo.   
Parece también que el ámbito sanitario, tan endogámico y sustrayente, cohíbe a sus profesionales en las relaciones extradisciplinares hacia otros escenarios, y por reciprocidad, mujeres de otros ámbitos, de objetivos no tan sociales y diferente posición en mapeos sociales, desconocen los intereses de las primeras.

También es cierto y volviendo al interés inicial, la transmisión de estos objetivos y movimientos, no alcanza a todas las mujeres, muchas de ellas están inmersas en ámbitos laborales lejos de este contexto de ayuda, reconocimiento y emancipación.
Pertenezco a un colectivo profesional  en el que justamente, las mujeres viven contextos ambivalentes, realidades muy dispares dependiendo de los dados jugados o simplemente de los designios y cortapisas de otros. Mujeres que quieren emprender, que quieren mejorar, que quieren aportar y desarrollarse, pero las organizaciones de este tipo, suelen ser y actuar más como freno y sumidero que como impulsores de talento, oportunidades y reconocimiento. Son organizaciones, en un sistema muy complejo, con estructuras, redes y doctrinas internas, que la mayoría de mujeres del ámbito empresarial, desconocen. Parece en principio, que unas y otras, fuéramos mujeres de diferente orden, de entornos lejanos y que no compartiéramos las necesarias reivindicaciones de género y los mismos intereses.

No podemos dispersarnos e ignorarnos aumentando la distancia entre los ámbitos, sin llegar a confluir como si de mundos paralelos se tratara. Vivir fuera de los movimientos en red y del empoderamiento conjunto nos aleja de la convergencia necesaria. Estamos obligados a buscar fórmulas de acercamiento, confluir y sumar valor, ahí donde las mujeres puedan reaccionar y construir una estructura sólida de liderazgo genuino y sin opresión. Busquemos el nexo que acerque, aúne y afiance a las mujeres, las de todos los ámbitos, conformemos una estructura de oportunidad, seamos el pegamento social necesario reafirmando nuestros valores e intereses comunes, los que nos incumben a todos, los de una visión más social, más genuina, menos amarga, más iguales y más participativos.  




SENTIMIENTO BIPOLAR II



He decidido escribir una segunda parte, porque esas vivencias que me transmiten no me son ajenas. Cada individuo, tiene sus propias circunstancias, personales, su círculo familiar, de amigos…, pero me refería al ámbito laboral y por eso creo que no son ajenas.

Cada una de esas situaciones, emana de la interacción entre personas de la misma profesión, la nuestra, y de un contexto determinado. Un contexto laboral, profesional, verticalizado donde los factores más comunes a esas situaciones, son sentimientos, percepciones y objetivaciones de frustración, indignación o pérdida de dignidad, desamparo, incapacidad para tomar decisiones, afectación emocional, pérdida de estatus previo, adecuación situacional y profesional forzosa, pérdida de derechos, pérdida y menoscabo de la salud, pérdida del respeto, contraprestación descompensada etc… podría parecer esto, un suplicante y plañidero testimonio de lo que directa o indirectamente, ofrecen los escenarios actuales dentro de las organizaciones sanitarias, las relaciones e interacción que en ella se establecen y la gestión frente a las mismas.
Existe y se establece una exaltación del “yo puedo” frente a todo lo que representa limitación profesional en forma de obstáculos, negativas y otras formas torticeras de frenar, no solo el desarrollo de aptitudes y capacidades sino también la sostenibilidad y mantenimiento de la motivación personal. Una exaltación, que frente a los límites de la incomprensión, desconocimiento e intereses de gestores “adaptados” y “situacionales” requiere cuanto menos, sosiego en la viabilidad de planteamientos para que el “yo” no quede herido.

Problemas graves los que describen, sobre una enfermedad común, una epidemia, una plaga, es contagiosa, pasa inadvertida o vivida de manera “cómplice”, salpica, deja secuelas, a veces mata poco a poco, lentamente, si tienes seguro te puede cubrir aunque no siempre, depende de las “condiciones firmadas”, si no tienes seguro, necesitarás muchas defensas, dependerás de tu estado inmunológico y caerás en el desamparo, no hay antibiótico de última generación, ni fármaco innovador, demasiados antígenos para débiles recuerdos de vacuna. Algunos son vectores, muy mecánicos, que actúan transversal y verticalmente, verdaderos artrópodos transportadores de patógenos, en un medio inanimado y sin ánimas.

Es el norte, es el sur, es el este y lejano oeste. Es la expresión, es el sentir, mi hermano extraño, mi amiga fiel, es la real, la vida mísera, el entorno laboral, en el cuidado descuidado, en la intemperie forzada, en ambientes permitidos, en la inequidad, en la ansiedad, en el conflicto, en organizaciones enfermas de las que salir huyendo. No son cuatro paredes, son tú y yo, nosotros y ellos, vosotros y los que no estáis, los que fueron y los que serán, los que están, y son ellos. Tu que lo compartes, tu que lo ves, tu que lo callas, tu que lo respaldas, tu que lo amparas y a ti, que te culpas, te desanimas, sufres, enfermas, te repones, desgastas y afrontas.

Somos, tú y yo. Y sabes, que... #OTRAFORMAESPOSIBLE 




SENTIMIENTO BIPOLAR



En estos días, y otros más, de manera periódica y recurrente, se está hablando mucho sobre  cultura digital en las organizaciones, innovación en los ámbitos sanitarios, liderazgo directivo y también operativo, profesionalización de la gestión, desarrollo profesional inherente al avance y progreso social y sanitario, y así un largo etc…
Asistí al último congreso, con sensaciones de vuelta muy depurativas y ganas de seguir la estela que allí se marcó y unos cuantos afortunados vivimos. Un fin único, una meta clara y unos cuantos referentes profesionales transgresores que bien por su entusiasmo, trabajo, sacrificio y dedicación requiere y exige al menos respuesta.
Casi todos los días, en estos dos últimos años, reflexiono un mínimo de tiempo, unas veces de manera inusitada y otros por imperativo situacional. Son reflexiones duras, compartidas muchas veces con los que me acompañan en este fortuito y exasperante momento. Compañeras y compañeros que si bien me soportan prácticamente a diario, comparten un llamado “#otraformaesposible”, aquí añadiría incluso de 8h. a 15h., y que se resisten a las batallas estériles, no sintiéndose cómodos en la guerra. Son profesionales no solo de mi entorno, algunos son compañeros separados solo, por la enorme distancia kilométrica y a los que me siento más unida, quizás y sin pesar, que a otros de distancia más comarcal.
A menudo o con cierta frecuencia, recibo mensajes, correos, de realidades muy diversas y adversas. En unas ocasiones me transmiten apoyo, reconocimiento, gratitud, pero en muchas más, y son estas las que me perturban, me hacen reflexionar, situaciones muy concretas de realidades vividas, situaciones desde diferente ámbito de trabajo profesional y de distinto rango etario. Respondo a todas las cuestiones que se me plantean, trato de transmitir mi visión o perspectiva en el contexto al que se refiere y sobre todo intento apoyar y ofrecer una esperanza de cambio realista, y muchas veces solo cercanía, no puedo ser de otra manera.
Yo solo sé que no se nada, pero que mi afán por saber y aprender todos los días, me ayuda a sortear ciertas cuestiones, tanto las que están de mi mano, como las que no dependen de mí directamente y también, a calarme en otras que creo corresponden por mi implicación y sentir. Son estas últimas  por las que creo tengo la desgraciada empatía de entender prácticamente a todo el “mundo”, a todos esos profesionales que muestran una realidad vivida, discordante y desestabilizadora, emocionalmente desenfundada y con la vulnerabilidad resentida y convertida en "lecho" por tratar, o en barco de papel a merced del oleaje y en pleno océano.

Es por ello, que aprecio y agradezco la confianza descrita que muchos profesionales me ofrecen ante realidades cuanto menos bipolares, entre lo que acontece y lo que concurre, lo que se muestra y lo que se esconde, lo que se percibe y lo que se siente, quizás como cuando, quien ofreciendo una sonrisa,  guarda un resentimiento o una desgracia. Y en medio, el instinto de supervivencia disfrazado de una y diez versiones, tratando de dar respuestas a Maslow.     











sábado, 28 de octubre de 2017

DESMITIFICANDO EL LIDERAZGO



Conversaba recientemente con  compañeros y colegas acerca del tan mitificado y no menos manoseado término liderazgo. Dependiendo en qué contexto y por quiénes sea referido el término, confiere valor y adquiere revalorización o por lo contrario, resulta desvitalizado y recurrente.

La eterna discusión sobre si es una condición innata o se adquiere, tiene diferentes posicionamientos, algunos tan válidos y fundamentales como los que sostienen y apoyan el desarrollo del liderazgo, sobre una constante basada en principios y valores, una intención de rebasar la línea de auto exigencia actual de esta sociedad. Una línea positivista basada en la afirmación de una necesidad profunda, de ejercer el autoliderazgo como condición sine qua non para conseguir objetivos en la vida.

Desmitifiquemos por tanto, nuestra percepción sobre ello y acerquémonos a nuestras capacidades, no solo las innatas, desde luego que no, sino también las que desarrollamos en el camino de existir. 
​ 
     Lo que existe detrás nuestro y lo que existe delante de nosotros es algo insignificante comparado con lo que existe dentro de nosotros. Emerson

La forma de vida actual no nos permite reflexionar con el detenimiento suficiente, por ello es imperativo, si realmente queremos y estamos dispuestos a descubrir capacidades para el autoliderazgo, soltar el acelerador y echar la vista a nuestro alcance, a nuestro contexto, a las personas que nos rodean y a aquellos con los que compartimos el día a día. En ocasiones, son las propias circunstancias de la vida, las que determinan que uno ha de parar sometiendo la voluntad propia al dominio de lo que acontece precipitando incluso, hacia un ejercicio rotundo de introspección vital. 

Ello puede ser significativo y hasta determinante , pues de la recuperación paulatina, se extrae un resultado de aprendizaje  que nos puede ayudar a conducir de manera diferente nuestra vida, con la confianza puesta en nuestros propios recursos. El autoconocimiento junto a la suma de valores adquiridos y principios permite aplicar bajo premisas de validez universal, este dominio en el terreno de lo personal, interpersonal y laboral. Permite el abordaje de problemas, creciendo y desarrollando fortalezas como la autoeficacia.

¿Y que son los principios y valores? Pues aquellas normas,reglas, características y aspectos  de aceptación universal con carácter ético, que permiten con su aplicación resolver situaciones, superar riesgos y también guiar y organizar para alcanzar una meta. Confianza, equidad, justicia, integridad, honestidad…y otras capacidades como la escucha activa y la empatía son elementos indispensables para liderar, pues el liderazgo, nace de uno mismo.

En estos días, en contextos científicos de calidad, adecuación y eficiencia en salud se ha abordado una vez más este aspecto, la confianza como muestra de facilitación y participación de las personas en la meta. Trabajar en torno a ella para no caer en el descrédito, entre lo que se dice y lo que se hace, la coherencia para mantener niveles de credibilidad y por tanto confianza. 
Mucho que decir aún sobre el liderazgo en las organizaciones sanitarias. Mucho por trabajar desde la confianza y el servicio a los demás y no para uno mismo. Mucho que decir aún, de la necesidad de establecer valores para una gestión eficiente, para resultados a través de las personas, en los procesos que construyen personas. Mucho que decir de un vocablo que no por “manoseado” pierde sentido sino que gana prioridad en este contexto.
Mucho por aplicar en nuestras organizaciones, desde los distintos staff de gestión directa sobre personas. Mucha reflexión necesaria acerca del autodominio y autocontrol. 

Faltan tantos “muchos” que el ejercicio del liderazgo en las condiciones actuales suele convertirse por un lado, en un ejercicio de autoflagelación entre la detección de lo que necesitas como organización, y lo que no puedes ofertar a tus profesionales para desarrollarlo. Y por otro, la fustigación frecuente a base de represión y amedrentamiento por el desempeño de los mal llamados líderes que ejercen la “potestas”. Ambas situaciones conducen a la inexorable pérdida de confianza y debilidad del compromiso, sin duda valores necesarios para sostener la colaboración de las personas y el consiguiente crecimiento de las organizaciones. 

En tiempos de crisis de liderazgo, hemos de revisar los constructos que sostienen al mismo y evitar confusiones perjudiciales sobre lo que necesitamos para avanzar en calidad, productividad y relaciones interpersonales, en el contexto de las organizaciones sanitarias.

Para poder liderar personas debemos ser capaces de autoliderarnos, nosotros, cada uno, asimismo. El liderazgo definitivamente, es una forma de ser y estar ante la vida, una forma de vivir hacia los demás, que cala y deja huella.




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