viernes, 2 de noviembre de 2018

CARNE DE CAÑÓN




Hoy en día, muchas de las verdades que conciernen a la realidad social, al entorno laboral y a la vida, individual y familiar, se construyen sobre hechos alternativos, medias verdades o lo que siempre vino a ser, mentiras. Incluso, lo hemos aceptado y reconocido dándole cabida en nuestro común lenguaje, la ya manoseada, posverdad.

Ocurre por tanto, no solo en el contexto político, ámbito con el que más relacionamos el término previsto, sino que invade y contamina todos los contextos donde las personas coexisten.
En los entornos laborales donde los colaboradores mantienen espacios de convivencia relacional y sistemática, en muchos casos ineludible, necesaria y compleja por los procesos de producción, como en el caso de las organizaciones sanitarias, dicha relación no siempre suele ser ventajosa o sana y ni siquiera equilibrada.

No cabe duda que en la diversidad de estos sistemas de personas y organizaciones complejas, influye la presión del contexto, los avatares organizativos, la pérdida de liderazgo, la dilución de la cultura organizacional y como no, la omnipresente “supervivencia” adoptada por los sujetos.
Todos esos factores pueden tener nexos comunes entre las múltiples aristas que conforman esos sistemas, la pérdida de valores, en mayor o menor medida, es uno de ellos, sobre todo cuando no hay necesidad de hacerlos explícitos. Esa circunstancia, sin duda es también un nexo.
Frente a esta cuestión, el posicionamiento y mantenimiento en un marco de línea roja es un acto de valentía y coraje. Un posicionamiento que no deberíamos relajar, no solo por la desfiguración personal y colectiva que provoca cruzar líneas, sino porque todas nuestras decisiones y actuaciones han de estar basadas en principios para que también las consecuencias de las mismas, sean éticas. En las organizaciones sanitarias, la ética supone un valor intrínseco al propio motivo y el fin de actuación y aporta además el constructo necesario para alcanzar la excelencia.
Sin lugar a duda, la falta de moralidad e integridad en el marco de las organizaciones y de los sujetos que interactúan afecta a los principios y la filosofía ética pudiendo resultar perjuicio, en cualquiera de las interrelaciones de proceso y producción final. Por ello, la integridad es necesaria, es el origen del pensamiento, el marco de las decisiones y el espejo de la certeza.
Pero la integridad tiene un coste, y aunque ofrece como devolución, confianza, compromiso y reconocimiento de quien de verdad importa, el esfuerzo por mantener la tracción ante las líneas rojas es muy fuerte. Una distancia que no todos los sujetos están dispuestos a mantener. Si los aspectos que reportan no representan valor para su realización personal o ego, las líneas rojas serán simplemente semáforos en verde.
Es en ese cruce, donde quienes deciden elegir formar parte de la tribu se alinean con otro código, avanzan y esconden toda sombra de cualquier vestigio anterior porque de no hacerlo, lo contrario podría derivar en amenaza.
Esos mismos sujetos han decidido anticiparse, y aportar incluso a la intersubjetividad, entre los ahora su tribu, construyendo la aceptada posverdad, como verdad única.

La “posverdad” está pensada para obtener un beneficio, una verdad construida con hechos alternativos que solo son eso, mentiras fundamentadas en propaganda barata y respaldadas por el aparato motriz, que es quien se encarga de generar y apuntalar la disonancia cognitiva de los más débiles o seguidistas.

Las razones para preocuparse por los constructos de la posverdad radica en lo que pueden llegar a ser verdaderos problemas en los aspectos y cuestiones organizacionales de procesos, resultados, de gobernabilidad, de liderazgo etc… dentro de la organización. Sin embargo una esfera más trascendental y no por ello más visible, sino todo lo contrario, es la que afecta a las personas de manera individual.
Si los constructos demagógicos, alternativos y destructivos provocan efectos devastadores en una organización, aquellos que atañen a las personas directamente pueden llegar a causar verdadero daño moral y psicológico y definitivamente afectar a la salud llegando a causar grados de incapacidad limitante o incluso abandonos.

El asunto no es baladí, esta sistemática unida a otro tipo de intervenciones configuran un fenómeno instaurado, el acoso o mobbing. En España un porcentaje próximo al 20% de entre todas las personas activas ha sido o es víctima de mobbing (E. Cisneros I, II) y continúa avanzando.
Aquellas organizaciones que permiten y consolidan personas al mando y estilos directivos autoritarios caracterizados por el control, la obediencia, la sumisión y el seguidismo son verdaderos cobertizos para las situaciones de acoso laboral.
Los colectivos sanitarios reúnen requisitos propicios para detectar una alta incidencia, la profesionalización de las tareas, las tensiones laborales, los circuitos de poder informales, etc… y en concreto, el colectivo enfermero que ya fue objeto de estudio hace varios años, a través del Cisneros III reflejó una alta incidencia, confirmando así la vulnerabilidad y exposición de este colectivo, una realidad percibida sobre un problema real enmascarado. Los efectivos enfermeros en activo han ido aumentando hasta hoy y la incidencia también ha ido en aumento. Recientemente en un foro profesional de este colectivo enfermeras se aludieron cifras entorno al 33%, una tasa nada despreciable y si preocupante que requiere reflexión y seria, por parte de la Administración competente, no solo por cuestionar si es moral o inmoral que lo es, sino porque no resulta nada rentable desde cualquier perspectiva.

…tan complejo de desentrañar, como fácil de entender y ver, como los propios testigos invisibilizan el entramado, en ocasiones como testigos impávidos, otras como sujetos pasivos.

…que entre con la linterna en el cuarto oscuro de muchas organizaciones, que nos muestre la inquina y la perversión moral de los verdugos, el silencio oprobioso de los compañeros de trabajo, el poco interés de los superiores, la soledad de las víctimas, el vacío legal, y las varias y malas interpretaciones. Angel M Fidalgo

…trastornos psicológicos y psiquiátricos como psicopatías, trastornos de personalidad narcisista, sentimientos de inadecuación (complejos de inferioridad) o, incluso, el paranoidismo [...] Tras estas actitudes suele haber personas frustradas, incompetentes, a la defensiva, o simplemente enfermas psicológicamente” (2001, p. 4).Iñaki Piñuel, (acerca del perfil del acosador)

…el mobbing se produce porque se permite que ocurra, porque no se detiene, es decir, es tolerado por las organizaciones (2007, p.76). Koonin y Greene




domingo, 7 de octubre de 2018

PERSONA



PERSONA
Del lat. persōna 'máscara de actor', 'personaje teatral', 'personalidad', 'persona', este del etrusco φersu, y este del gr. πρόσωπον prósōpon.
Persona: Individuo de la especie humana. Hombre o mujer cuyo nombre se ignora o se omite
Sujeto de derecho, supuesto inteligente, y otras cuantas acepciones más. Y es curioso por otro lado, qué tan sencillo, único, lo que somos y sin embargo tantas acepciones y puntos de vista.
Por ejemplo desde el pensamiento filosófico y sus diferentes vertientes, la persona es considerada por algunos sabios como el ser más perfecto de la naturaleza a través de la cual subsiste. Otros, lejos de la metafísica, lo consideran un estado transcendental, un fin en sí mismo, etc…
Distintos pensamientos en el marco de diferentes corrientes filosóficas. Aunque bien es verdad, si hemos olvidado prestar atención a una de las ciencias basadas en el razonamiento argumental, la filosofía, estamos olvidando la referencia y la parte por el todo para el necesario desarrollo y evolución como especie. La filosofía estudia cuestiones profundas, es profundidad en el pensamiento hasta llegar a cuestiones maduradas, construcción de pensamiento sobre cuestiones esenciales de vida y existencia. Quien olvide las bases filosóficas de la lógica, la ética, la estética como quien dice, “la madre del cordero”, está abocado a ser necio sin remisión.
Me quedo con dos aspectos muy sencillos y reflexivos respecto a lo que pretendo abordar y lejos, muy lejos de los insignes pensadores y filósofos de otra época. La persona, como un ser sociable que vive y se desarrolla en sociedad y que nunca deja de actuar sin embargo, con un carácter individual. Un ser social. Y el segundo, una premisa sencilla que Pitágoras, según recoge Cicerón, explica a León, príncipe de los fliasios, (de Fliunte, Argólida) que la vida era comparable a los juegos olímpicos porque en ellos encontramos tres clases de personas: las que buscan honor y gloria, las que buscan riquezas, y las que simplemente buscan contemplar el espectáculo, que serían los filósofos.
Y es que no pretendo elaborar una “disputación tusculana” ni mucho menos, ni soy sabia, ni me aproximo, pero no me alejo tampoco, evitando caer en la oscura ignorancia y necedad, intento mantener el espíritu reflexivo del pensamiento, sobre todo en la lógica, la ética y la estética.
Es casi seguro, o muy poco ha cambiado, que este tipo de disquisiciones, cuestiones que no son más que pensamiento activo ante el deseo de saber y fundamentar la vida social en todos sus ámbitos, no despierte interés o no sea compartido en la sociedad actual, efectivamente están desapareciendo de planes de estudios pre universitarios y de éstos mismos. Y es que la filosofía y el arte de pensar reflexivo para dilucidar cuestiones de la vida como seres sociales, queda relegada a esta imperativa velocidad de transformación evolutiva y tecnológica que nos distrae y mantiene en cuestiones superfluas haciendo de la vida y el vivir, un trayecto banal y vacuo.  
¿Qué me perturba ante tanta “disputación”?, las personas.
En contextos de normalidad y no guerra bélica, ni tentación o intento ofensivo, ¿qué conduce a una persona a mirar a otra y sostenerle la mirada fija e inexpresiva con tallo erguido, desafiante, pose insolidario, autoritario y torpe?.
¿Qué estiman esa clase de personas escondidas tras una máscara repetida acerca de las otras personas y de la historia que están escribiendo? 
¿Qué clase de persona elige no ser persona a tiempo parcial unas y a tiempo total otras?
¿Qué sufrimiento y vil vida arrastra una persona que atenta impunemente contra otras personas sin relación de causalidad y otros condicionantes que podrían atenuar?
¿De dónde proceden y a dónde van, esas personas que no teniendo suficiente con su conciencia y su propia vida, abordan, invaden y atentan la vida de los demás?
¿Qué son personas?, ¿las que se alejan de la esencia y confluencia?...
Reflexivamente es retórico y a mucho les resultará cursi por apasionado, manifiesto y concluyente, pero no se trata solo de vivir según tu propia opción, ejercer derechos y obligaciones. Aceptarte como individuo digno, libre y responsable es fundamental. Desplegar tu existencia con libertad, con sentimiento, razón y voluntad por y para el desarrollo humano, con solidaridad para el ahora y el futuro, para protagonizar tu historia y la de todos, para conectarnos un poco más, todos, la humanidad.
Ser persona, como único e irrepetible sujeto perteneciente a una especie que piensa y reflexiona con valores de igualdad, tolerancia, justicia, participación, respeto, paz…
Ser persona, un trabajo preciso y conciso y no tan fácil de ser, si dejas de existir como sujeto y solo eres objeto de la historia y de la historia de los demás.
Elegir y escoger es una responsabilidad, ser persona... un trabajo de vida.




martes, 4 de septiembre de 2018

QUE NO SE ACABE AGOSTO


Que no se acabe agosto, que me estoy curando… vine a sentir…. y se ha convertido en mi mantra vacacional.

Abordé las vacaciones de verano, adelantando unos días antes de lo previsto, para comenzar el descanso de manera ya necesaria. Hay un principio o credo, en mi entorno y es que dicen los que me conocen que cuando manifieste signo o síntoma de manera verbal acompañado de “encavernamiento” se avise, se tome en serio y se me remita a servicios de atención sanitaria. Una forma de decir que cuando me resiento, estoy fuera de los normo límites. Pero eso ocurre pocas veces (ejem…) porque el “encurtido” que me cubre cada vez es más protector o anestésico, así que solo recuerdo un urbasón inyectable a las 7 de la mañana, según me preguntan, -a dónde vas a estas horas…-, un antihistamínico a ritmo de taquicardia y exantema ornamental y una disculpa o reconocimiento médico que literalmente decía, -pues sí que tenías razones para tener dolor, quejarte y haber parado…, aunque no has hecho nada de eso-. Lo grave, lo tengo en otra libreta y eso, es harina de otro costal.

Viene a cuento que en el plano de lo físico, nos hacemos resistentes sin saber muy bien que es lo que uno se juega y más si el manejo y control queda a merced de las virtudes de los supuestos expertos. Pero ¿y en el plano emocional?, ¿Y en el conjunto de lo emocional y físico?, o ¿aún alguien va atreverse a discutir la implicación de ambos para un equilibrio saludable a todos los efectos?  

En la cuestión emocional, el aprendizaje es siempre causal.                                                   

El sumatorio de las causas te enseña a identificar, adelantarte, o cuanto menos a predecir, situaciones y amenazas, también a colocar a los actores y resto de personajes, a los depredadores, a los psicópatas…cada uno tiene su espacio en las escenas. Por otro lado el sumatorio de los efectos te curte en la desilusión, el dolor, la incomprensión… lo cual no es malo y mucho menos de matiz pesimista, más bien todo lo contrario. De hecho, no se concibe la búsqueda de la felicidad, el equilibrio o el status emocional sin haber sentido el mencionado aderezo. Personalmente creo que es la capacidad individual de resistencia y renovación, la que sustenta esa búsqueda, es cierto que no sin determinada ventaja, sobre quien siempre durmió en los laureles.

Por ello el acúmulo de vivencias, experiencias vitales, el conocimiento, las interrelaciones con medio y las personas, convierte la vida en un constante vaivén. Te mece, te trae, te lleva, te muestra la luz, y también las tinieblas… y es justo en esa oscilación donde aprendemos a estar suspendidos y mantenernos basculantes, es en ese movimiento donde aprendemos a seguir moviéndonos en la inercia de empuje y de vuelta. Es en ese movimiento donde en ocasiones y por pérdida de inercia nos arrancamos empujando en el punto perfecto para alcanzar de nuevo velocidad y mantenernos en el ritmo de la vida. Es también en ese movimiento, en el que decidimos dejar de hacer fuerza en el punto exacto, cuando otras fuerzas, otros vientos, otras exacerbaciones, otros azarosos o caprichosos designios, infortunios, ponen a prueba nuestra capacidad de reacción y fuerza, nuestra gestión emocional, nuestra compensación al volumen, nuestra respuesta a la agresión, nuestra tolerancia, al fin y al cabo y como decía, nuestro curtido emocional. Por ello digo, que no se acabe agosto, mi mantra de verano, como grito de disfrute y buen hacer, y que se acabe para los que se tiene que acabar.
                                           #quenoseacabeagosto #quemestoycurando
            
                                                                 

                                           



domingo, 29 de julio de 2018

EN MEDIO DEL VERANO


En medio del verano, a punto de comenzar agosto, la vida sigue igual…

Podría ser una buena frase de comienzo para un relato de verano sosegado y plácido, pero resulta lo contrario, al menos desde una perspectiva, o mejor aún, panorámica profesional sanitaria.
Detalla nuestro querido amigo @vgallegog76  en ¿faltan-enfermeras-o-faltan-herramientas-de-gestion? , casa-blog de otro de nuestros amigos @PauMatalap, una serie de medidas que aportan dosis mínimas de oxígeno a la ya impertinente situación estival de los profesionales enfermeros.  Una época que pone en evidencia las nefastas políticas desactualizadas en torno a la gestión de recursos y planificación  de procesos. La dotación de plantillas, la gestión de las mismas, la planificación y autogestión de equipos, la nula o ausente negociación y acuerdos con objetivos y pactos, las contrataciones de verano, el empleo precario, la falta de previsión e inadaptación a los entornos, la intromisión de los agentes sociales en decisiones profesionales, las políticas de gestión obsoletas sobre contención de gasto focalizada, el escaso posicionamiento y presencia de autoridad profesional en decisiones en nivel meso, son solo algunos de los factores que acontecen como contexto habitual profesional. No siendo en contados los casos, cabe también destacar el desinterés directivo de algunas de las partes y de los directamente implicados en resolver cuestiones de calado. Cuestiones que requieren implicación y apuesta al pleno, así, sin más, o apuestas o estás de postureo. Es en ese sentido, en el que las medidas propuestas por @vgallegog76 resultan, como el bien sabe, puntuales, insostenibles a largo plazo y obsoletas en un contexto empalagosamente tintado de discurso entre la manida innovación y la abnegación al momento.
Digo esto, porque el verano solo hace que poner patas arriba, de manera más grosera, distintas situaciones para un mismo colectivo. Pero…¿y el invierno?. El invierno transcurre entre elogios, fuegos artificiales, encuentros paralelos enriquecedores, resacas de congresos y la asfixiante realidad, la que trae el día a día.
El día de verdad, el día en el que los pacientes nos gratifican si tienes suerte de tener pacientes..., el virtual, ese con el que sueñas y donde creas un entorno ideal para resolver un proceso de mejora, el falso, ese en el que tu entorno nunca fue como lo imaginaste, ni lo querrías, y el real.
El real es sorprendente, es la suma de muchas realidades, es una ecuación que se repite, es un ritmo de rock, es asumido y condescendiente, acomodado e inseguro, fugaz y eterno.
Y es que la pluralidad y singularidad de nuestros entornos son de largo y ancho como una estepa kilométrica, y nunca estimaría esta misma cuestión una enfermera de un hospital comarcal referente de inauguración reciente, que otra de treinta años de instrumentista en un hospital de 1000 camas en una gran ciudad. Del mismo modo que no lo haría una enfermera perfusionista o bombista y otra asistencial de medicina interna con ratios poco o nada recomendables. Es por ello que la tendencia de una mayoría es interpretar, como ya hemos dicho muchas veces en las RRSS, tendencia a opinar y defender la globalidad desde la realidad personal, lo cual es un sesgo importante. Un sesgo que debemos evitar si queremos liderar desde una perspectiva común, sabiendo que las distintas realidades vienen a sumar, en el alcance de la meta común, pero no como únicas e indiscutibles ni desde la personalización tampoco.
Sin embargo, la realidad de circunstancias comunes, esa si se pone en alto y parece ser, es más que común para la mayoría de los ámbitos, digamos generalizadas, en organizaciones masificadas, en equipos desgobernados y en direcciones sin estrategias, ni control.  Es más que común y resulta perniciosa para el sistema, para el colectivo y por supuesto para el paciente.
Son esas organizaciones en las que no impera el discurso conjunto de liderazgo, de estrategia y planificación, de formación de equipos, de fomento y elección del talento, de establecimiento de objetivos y revisión para establecer otros de mejora, de innovación de procesos, de respuestas a expectativas de personas y clientes, de pacientes y ciudadanos. Parece tanto…y sin embargo es todo. Son esas en las que no se conoce la estrategia, el rumbo, ni las directrices.
El día a día es dejar que ocurra, atender las contingencias con improvisación y sin autoridad, ni autonomía y seguir dejando que la inercia mueva el resto de fuerzas funcionantes, como si de una renta de plazo fijo se tratase.
Los profesionales por su lado perciben la falta de autoridad y posicionamiento y pierden credibilidad hacia sus mandos. Ellos mismos adoptan posturas de inmovilismo y contra desarrollo salvo que tengan repercusión muy personal, gratificación, reconocimiento o rédito. Con suerte en otro modo, en otro momento lo recuperarán.
Otros profesionales, deciden sin detenerse seguir proveyendo en base a su conocimiento adquirido, experiencia y mejora profesional. Son estos los que preocupan. Profesionales valiosos, con ritmo de trabajo, de ideas, de alto rendimiento, autogestionables y con motivación basal de alto nivel, profesionales con respuestas a problemas de distinto calado, de organización, de proceso, de gestión, etc…versátiles.
No es infrecuente, y a este punto queríamos llegar también, esto alude al título que nos ofrece Vicente, falta de herramientas de gestión, enfermeras en situación de desgobierno y directivos sin plan, ni visión. No faltan enfermeras, falta analizar y redibujar, planificar y con qué fin. Faltan políticos que escuchen y firmen, faltan gerentes despolitizados y formados, con vocación de servicio a poder ser, pero hacia los demás, no para sí mismo, al igual que faltan directivos con esos mismos rasgos. En lo que nos atañe y en esa tesitura, asistimos con frecuencia, y quien no esté en esa banda no se dé por aludido…, a escenarios en los que las direcciones no toman partido por su colectivo, más allá del círculo que les pueda desestabilizar (personal, profesional, político…) no toman decisiones por sí mismas y las mínimas, siempre son consultivas. De ese modo, carecen de aliados dentro de la organización pues la nula o escasa operatividad deja a la vista la baja representación de un modelo de desarrollo innovador y de liderazgo efectivo. Así y muerta la inercia descrita pueden desmontar, por fuerzas contrarias, pasividad, insolvencia…, todo lo construido y consolidado.
La causa de la falta de toma de decisiones no se distingue, entre cobardía, “ruido”, “vegetación espesa”, desconocimiento, complacencia ocupacional y “el rellenado de hueco”, pero el efecto...ese si es inmasticable.
Es por lo que no se comprende, que profesionales de los mencionados sobrevivan en situaciones amenazantes, manipuladas, inestables e inseguras, situaciones compatibles con despropósitos inconcebibles profesional y laboralmente, y situaciones de descompensación interprofesional por falta de posicionamiento serio y participativo.
No tendría sentido estas afirmaciones si no fuera capaz de sostenerlo con el doblaje en “antigüedad” de mi querido y leal seguidor Vicente y las muchas participaciones que me llegan con el ánimo de compartir y que con agrado asesoro, así como también experiencias personales y de mis cercanos, a todos ellos agradezco la confianza de compartir  y hacerme sentir honrada.
Son muchos los profesionales que sienten la necesidad de dar más y hacer mejor y sin embargo no solo no sienten apoyo de sus direcciones, si no que éstas no les atribuyen encomienda, plan o acción, ni interés por lo que pueden o deben hacer.  Así podemos encontrarnos colegas de trayectoria y experiencia en nivel estratégico encomendados al vacío, a los designios de otro profesional sanitario, o incluso permitir que sus funciones sean menospreciadas.
Otros optaron por alejarse de dichas direcciones ante la incompatibilidad de la gestión entendida, como un deber para los primeros y una pasantía mejor remunerada para los segundos. En esa opción y con lo aprendido ponen en marcha soluciones de empoderamiento de paciente, de entrevista activa y escucha clínica para finalmente toparse con la descarada falta de respaldo, no solo por desconocimiento de la temática, si no de lo que se pretende con las mismas.
Es decir, hay directivos que efectivamente no solo desconocen su función, si no su propia profesión y el fin o meta de la misma. De ese modo, un mismo directivo, habiendo necesidades identificadas y cubiertas de manera indirecta sin coste, puede llegar a urdir las más estrepitosas y deleznables acciones hasta conseguir desplazar efectivos y prescindir de los mismos dejando procesos de pacientes sin atención enfermera.
Consecuentemente un mismo directivo que reclama cobertura haciendo llamamientos especiales en espacios públicos puede obrar de una manera u otra y contradictoriamente, bien no dando funciones, programa, objetivos a unos, arrebatando atención enfermera en procesos a pacientes, a otros y luego  encaramándose con alertas de solicitud de recursos para afrontar el verano.
En otra segura interesante reflexión, podría aproximarme a los motivos, causas o arengas personales de bajo interés colectivo y de muy alto ego y personalización, además de las consabidas aspiraciones políticas. Entuertos soterrados que no aparecen a la luz de los flashes, ni de días mundiales temáticos pero que en el fluir y tropiezo del andar, cada quien va descubriendo y dándose cuenta de que nos contaron un cuento que solo algunos bendecidos nos tragamos e hicimos de ello nuestra fe.  
Es por eso, que estando de acuerdo en relación a la falta de herramientas de gestión que nos permitan flexibilizar la norma, para prever y dar respuestas a los problemas ya recogidos, (grandes escollos, identificados y conocidos por las distintas partes, y por qué no, también mantenidos como si de herramienta de control se tratase) es necesaria la autocrítica, y criticar con criterio y conocimiento de causa. Ello nos revelará los auténticos nichos de ineficiencia y el gran margen de maniobra para emprender la mejora.
Y es que sin una implicación profesional, sobre una sólida base de responsabilidad corporativa,  la propia meta pierde sentido de ser y existir, para un ámbito tan complejo como garantizar la correcta atención en salud, dar respuestas a problemas de pacientes. Una responsabilidad que ha de ser impulsada desde la meso, macro y microgestión a través de directivos implicados, con compromiso y evaluación de resultados. Una opción que permita identificar, valorar y subsanar por tanto, dichas contradicciones o vacíos, en ese sentido cuanto menos, reprobables. Una opción necesaria sin retorno que permita avanzar y construir, esa es la verdadera innovación, ese es el verdadero déficit.






jueves, 5 de julio de 2018

HUMANO

Cada una de las decisiones directivas cambia vidas... por eso es tan importante una “conciencia saludable”.

Las diferentes Leyes de Prevención de las Autonomías, señalan que a fin de dar cumplimiento a su deber de protección, las organizaciones, como agentes empleadores, deben informar a sus trabajadores en relación con sus riesgos para la salud y seguridad laboral más significativos. La información debe incluir las medidas de protección y prevención aplicables e instrucciones para situaciones de emergencia.
Para lograr una mejora permanente de las condiciones de trabajo es preciso INTEGRAR la actividad preventiva en todos los procesos y servicios de los Centros Sanitarios y a tal fin se elaboran los planes de prevención de riesgos laborales.
El cumplimiento de las obligaciones que impone la normativa de prevención no es una tarea fácil en organizaciones con varios miles de trabajadores dispersos, y caracterizados además, por una amplia gama de condiciones de trabajo.
No obstante, las direcciones han de comprometerse a realizar los esfuerzos necesarios para avanzar de forma paulatina en la consecución de los objetivos de los programas de prevención.
Para ello es necesaria la participación informada y responsable de todos los trabajadores. La activa participación de sus representantes legales en el desarrollo de la actividad preventiva, debe garantizar entornos de confianza mutua y buena fe, un esfuerzo conjunto que garantice entornos favorables identificando factores de riesgo y corrigiendo deficiencias.
Pero, ¿qué ocurre cuando las condiciones de salud del trabajador no son óptimas?, cuando las personas que dispensan atención y cuidados padecen algún síndrome, enfermedad, secuela, signo o síntoma de patología de cualquier orden, los resultados de sus acciones o actos pueden no ser los esperados.
Las personas que trabajan en organizaciones sanitarias muchas veces están sometidos a situaciones de estrés tanto por el ámbito laboral, como por las relaciones complejas interprofesionales, así como por los procesos de salud-enfermedad y muerte que concurren en ellas.
En determinadas circunstancias de salud percibidas o no, y diagnosticadas o en estudio, la relación profesional-paciente puede verse afectada y en ocasiones, con resultados de salud no deseados y/o desfavorecedores para ambos. Esta relación bidireccional marcada por la interacción necesaria para el cuidado y la recuperación de los problemas de salud, puede verse influida de manera poco favorable, sobre los resultados en salud a alcanzar, mermando por tanto, las expectativas sobre los estándares de calidad establecidos.
Las actuaciones de los profesionales muchas veces vienen condicionadas por una serie de factores personales producto de su interacción con el medio y que afectan innegablemente a esa interacción profesional. Así mismo, los problemas de salud en mayor o menor medida afectan de la misma manera a dicha interacción.
Es en ese marco de las intervenciones directas o indirectas, dirigidas bien a los procesos o a pacientes, las que los gestores, directivos y mandos intermedios, debemos de garantizar que cumplan criterios de calidad hacia la excelencia.
La responsabilidad en la gestión, no ha de ser solo de delegación en los profesionales sanitarios competentes, sino que además, se ha de velar por la seguridad del paciente.
Implantar políticas y medidas de actuación y estrategias planificadas, planes de seguridad, formación, etc…para garantizar las actuaciones de los profesionales, son aspectos necesarios para el desarrollo personal y profesional.
Una visión de interés y valor añadido que contemple acciones formativas, que den respuesta no solo a necesidades intrínsecas del ejercicio profesional, también a las previstas para la implantación de programas, innovación, etc...
Pero nada de esto sería suficientemente válido si la atención al funcionamiento y rendimiento de los equipos, en el desempeño y actuación de cada proceso en el que se involucran, no fuera contemplado desde la actitud de observación y mejora, así como la de la consecución y logro de resultado eficiente.
En ocasiones, advertimos señales concretas que van sumando poder a percepciones inseguras y puestas en común entre los integrantes de los equipos. Son señales que van construyendo arquetipos sobre las personas en torno a las que gira dicho “fenómeno”. En este constructo muchas veces dudoso, muchas veces arraigado a una fuente identificada y cercana sustenta la “situación” en la que confluyen circunstancias que ponen en evidencia situaciones de riesgo de intervención para los pacientes. Una situación que unas veces crea sentimiento y parecer de intransigencia y otras de transigencia reconocida y consentida.
En el segundo caso, el profesional afectado puede ser consciente o no de un problema, pudiendo o no traspasar las líneas rojas del contexto de seguridad y por tanto generar daño real o potencial, y/o insatisfacción en el usuario al que van dirigidas las actuaciones.
En el caso de las situaciones de intransigencia, la situación se transmite y se pone en conocimiento a través de la cadena de mando, que ha de poner en marcha un mecanismo de gestión eficiente, para resolver cuanto antes, y de manera respetuosa y personalizada. Ello conlleva una serie de actuaciones determinantes que requieren habilidades concretas. Desde la identificación y seguimiento en primera instancia, a la comunicación íntima y personal buscando planteamientos de resolución eficaz. Todo ello incluye además, procesar y formalizar un informe de interconsulta claro y preciso para valoración del riesgo.

Las situaciones de transigencia, sin embargo pueden alargarse en el tiempo. Estas se mantienen incluso ocultas, ocupando espacios sobrentendidos que los equipos llegan a gestionar a través de subterfugios y alternativas que pueden suponer un retraso aún más perjudicial en la atención al riesgo.

De la vulnerabilidad de los pacientes y ciudadanos, en su interrelación con el sistema a través de los profesionales, se desprende la responsabilidad inherente que deben asumir los gestores en su desempeño, siendo capaces de resolver estos procesos.
Son este tipo de situaciones íntimas, personales, sutiles y ocultas, las que te encaran de frente ante determinaciones que previamente has debido de valorar teniendo en cuenta distintos factores. Entrevistas con personas, con afectados, con observadores, valoración de actuaciones y circunstancias. Reunir datos objetivos y deseo de ayudar a la persona afectada como miembro de una organización, de un equipo que gestionas y dispensa atención a la salud de un tercero, eso, sin duda, es gestionar con responsabilidad y humanización. No obviemos que existen responsables y gestores que optan por la no implicación. De ello justamente se derivan la ocultación, la ignorancia, la complicación... con resultados a veces lamentables.

La gestión de un conflicto de este tipo, bien gestionado, a la larga facilita y favorece la identificación de un problema de salud, la recuperación de los equipos afectados, y la revisión y adecuación de puesto de trabajo tras la recuperación si así fuera, del trabajador afectado.

                                                       #otraformaesposible









martes, 5 de junio de 2018

OBLIGADOS A REPETIR

Obligados a repetir situaciones que no nos agradan, Julia volvía a ese nuevo encuentro entre diagnósticos, controles y pronósticos. Hace un año que tomaba descanso y tranquilidad hasta nueva revisión.
Una cita... que surgió adelantada de un encuentro casual.
Cuando Julia recorría el largo pasillo siguiendo la línea roja y en busca del nuevo lugar de citación, una voz tímida de fondo…Julia!, y ella tardó segundos en reaccionar, seguramente por inesperada, una voz delicada en un pasillo de alto tránsito. Volvió la cara y buscó entre personas ajenas hasta que localizó una cara de gesto sereno, amigo, y de sonrisa blanca. Sorprendida gritó sin contención, -¡hola!, por fin, una cara amable-, y él sonrío aún más.
Se abrazaron fuerte, como la gente noble que no esconde y que no traiciona, como transparentes y lúcidos de sentimiento, conscientes de que como quien del mar hubiera llegado a tocar tierra, el otro sabe, que aún en el agua, el oleaje lo empuja, lo trae y lo lleva, y comparten en silencio, conocedores de que las tormentas y mareas se hacen largas y se antojan caprichosas.
Arrancó el “volante” de su mano y entró amable a procurar una cita pronta. Lo siguiente fueron intercambios de estados y guiños comprensivos hacia las circunstancias que imperan en el “hábitat” laboral. Lo siguiente, una oportunidad de cobertura asistencial propiciada por las sinergias entre profesionales que creen #otraformaesposible y sobretodo que el beneficio último ha de redundar en la salud del paciente. Fue en esa conversación en la que se detectó que pacientes tratados por su amigo y colega podrían beneficiarse de la intervención de ella como agente de salud, favoreciendo la disminución del riesgo de recidiva para los pacientes que él trataba…
Mucha satisfacción de ese “trato cerrado”, como muchos otros, de los que profesionales implicados resuelven sin mediación de gestores, abigarrados en la tribuna de la burocracia insolvente.
Marchó Julia satisfecha, cuando una llamada desde el hospital le indicó cita para el día siguiente. Ese día, puntual y curiosa por medir la situación frente al año anterior fue un encuentro en cadena de personas descontentas en el “hábitat”, pero sí, amables y sinceras.
Julia había acudido, como el día, radiante de luz y ánimo, como siempre al fin y al cabo. Escuchó a cada una de las personas como debía, atenta, comprensiva y acompañante. Fue escoltada hasta el lugar de la prueba donde le fueron referidas confesiones que le recordaban como nostálgicas…in illo témpore otras formas, otros modos, otras perspectivas…
Llegó el momento de la espera y con el tiempo…el rotundo, contundente y entonado llamamiento de volumen desorbitado. El espacio era pequeño para semejante trueno, la misma sala que el año anterior, y este año sí había pacientes, familiares…, innecesario, también como el pasado, imprudente y despersonalizado, inquietante e intencionado pues...no hubo nadie en la sala de espera. Este año la sobrexposición fue aún mayor, al salir de la prueba, un familiar acompañante se acercó a saludar a Julia, -He oído tu nombre cuando te han llamado y he pensado que solo podías ser tú, ¿qué haces por aquí?-, y a Julia solo le quedó contestar, -pues como tú, de revisiones, ya sabes-.
Al entrar Julia en la sala, sin prejuicios ni valores, siguió las indicaciones ordenadas, muy pueriles y frías, como previstas y preacordadas. Así que se dispuso a esperar, y ya preparada, a resolver la identidad de quién trataría aquella situación. Pasaron unos cuantos minutos al igual que varias escenas posibles por la mente de Julia, actores potenciales, composturas, tonos..., evocaba el año anterior pero no era el mismo momento y sabía que por ello, no iba a causar el mismo “daño”. Seguido entró alguien inesperado, no previsto en sus cálculos y evocaciones y Julia sintió reposo, tanto que tras el saludo hubo un siguiente…-¿estás preocupada?- y ella contestó un rotundo y firme, -no-. Él se quedó sorprendido, -ah, ¿no? - Y ella volvió a asegurar que no. Comenzó a darse en ese momento, cierta empatía añadida a la que cada uno de ellos traía de serie, -esa es buena señal…,veamos… ¿cuánto tiempo hace…?- y ella contestó, -pues no lo sé-, -¿en serio?-, -no recuerdo-, dijo Julia, con tono de estar mientras tanto, calculando. Finalmente recordó el posible tiempo y ello ayudó a fluir aún más la interacción.
Todo visto, todo correcto, alguna puntualización a la espera en el tiempo y una explicación comprensible, amable, correcta, un trato profesional ameno... y ambos agradecidos y cordiales.

¿Acaso alguien pide más?, Clase, él tenía mucha clase.    




martes, 1 de mayo de 2018

...Y QUE SEA


Hay muchas razones para creer que a pesar de ser, el nuestro, un sistema de salud maduro y “eficiente”, calificado como entre los mejores del mundo y también envidiado por muchos de “nuestros vecinos”, el escenario sanitario desde una mirada interior e introspectiva según el sentir de muchos, es una auténtica jungla. De hecho y en términos de generalidad, cada año que pasa, cada día mundial, cada acontecimiento, cada reivindicación, cada voz, cada momento… creemos que el punto de partida para la reivindicación es el mismo, que nada ha cambiado y que de nuevo esperaremos al año nuevo con más y nuevos deseos sobre los que el anterior, no se cumplieron.  
No es así del todo, solo lo parece. Son muchos los profesionales sanitarios conscientes de que nuestro sistema es eficaz, y también que presenta deficiencias, fisuras y parches poco resistentes en el tiempo. La repercusión de éstas deficiencias son de gran impacto económico, y social y trasladan cierta inquietud a los profesionales implicados. Creen estos profesionales que dichas deficiencias no serán muy fáciles de sostener en el tiempo y por ello debaten y proponen soluciones alternativas que reiteradas en el tiempo, pudieran ya sonarnos como el estribillo aprendido de una dulce y tímida melodía.
Pero es apreciable que a pesar de ser fundadas las propuestas con retrospectiva y proyección, la voluntad política no adelanta ni medio, ni tercio en el discurso, y por tanto lejos, el planteamiento de una estrategia o planificación operativa. El desencanto al respecto y sobre el suspiro de que alguien arroje un poco de luz en los asuntos pendientes, no ya de cambios estructurales sustanciales, legislativos etc…que también serían necesarios ante la inflexibilidad e ilógica actual, si no de replanteamientos inaplazables, como la cronicidad, atención primaria, la cohesión autonómica, gestión eficiente probada, control sobre la innovación y tecnología, participación del paciente y ciudadano…, como decía, el desencanto, está en sus cotas más altas.
Desde un punto de vista profesional exigiría una revisión del modelo de ejercicio profesional basado en las nuevas relaciones con el paciente y su participación, y en un marco en el que el profesional pueda trabajar con calidad y seguridad sin que agentes externos, internos y otras limitaciones devalúen su papel, función e interdisciplinariedad.  
Borraría las barreras limitantes, las que permitimos y las que nos imponen, las que nos autoimponemos y las colaterales, evitaría los coros, esos que hacen el “bajo” como fondo de canto gregoriano el estribillo …”todos juntos…pequeños gestos…cada día suma…, es cierto pero no es suficiente, es lento y mortecino, repetitivo y reiterado.
Se necesita por tanto, audacia, se necesita personalidad, se necesita traspasar barreras, se necesita poner voz en los distintos foros, voz de firmeza en el debate, debates de verdades y compromisos, compromisos de unos para con otros y que los atrevidos, los que tienen algo que contar, los que destacan por su leal integridad en la participación, que sean escuchados como transmisores de necesidades y que su mensaje se multiplique y cale. Que la participación sea honesta y se agiten en debates con conclusiones, no en despedidas contiguas, hasta el foro siguiente. Que se agite, que se agite y mueva el profesionalismo maduro, el que aporta experiencia y conocimiento, que sea considerado como condición de partida para contienda sobre el cambio de modelo, profesionales sanitarios respetados y respetados por todos.  

Y es que  a veces, las insatisfacciones y descontentos conducen a compartir visiones que tienen sentido y fundamento pero también, mucho freno y obstáculo. Un menoscabo importante de  la voluntad e iniciativa de los profesionales a dar respuestas con soluciones operativas. Algo que muchos desean y el sistema les impide.



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