lunes, 1 de noviembre de 2021

De la crítica constructiva a la crítica como estigma (o la estigmatización como excusa)

Si bien el valor nominal está tergiversado, una crítica o juicio puede ser el resultado analítico de algo concreto, o generalizado, desde el conocimiento, experiencia y sentido común; o la murmuración e insidia sobre, persona o circunstancia, en no pocas ocasiones sin fundamento, o poca base de sustentación.

Hemos deformado el significado del concepto creyendo que el significante puede manipular la realidad y obtener transformaciones “útiles”. ¿Cómo?, dando excesivo valor a las dicotomías entre ser constructiva o destructiva, y positivo o negativo, oscilando su "peso” según convenga e influyendo con ello en el contexto que se requiera. Todos conocemos circunstancias en las que basta decir que alguien ha emitido un juicio o “crítica”, para que el “oyente”, en lugar de pensar que puede haber un buen análisis y aportación al respecto, se anticipe mostrando prejuicios, desagrado y adoptando una actitud defensiva, además de cierta fijación que irá componiendo poco a poco… lo demás, viene solo.

Aclaremos que, entre expertos, cuando hacemos un análisis de situación, de contexto, de elementos, entornos de crisis, planes, estrategias o implantaciones…, estamos desmenuzando las partes de un todo, lo relacionamos con otros elementos, incluso comparamos para alcanzar conclusiones y mejoras. Es decir, al realizar una crítica, estamos analizando procesos, un suceso o cadena de varios, o simplemente una situación particular y concreta. El fin es construir intervenciones adecuadas, los “qué”, para dar respuestas organizadas y planificadas que nos permitan cumplir objetivos y posteriormente la evaluación lo demuestre. Así trabajamos quienes actuamos comprometidos con el sistema, las organizaciones y concretamente en salud, detectando y analizando problemas, ofreciendo potenciales mejoras, y claro, críticos con el sistema para mejorar las deficiencias, esa es la cuestión de ser “crítica”.

En efecto, hace ya algún tiempo tras diseñar un proyecto de abordaje integral para la mejora de la salud en pacientes y de continuidad entre niveles asistenciales, tuve grandes dificultades (obviaré “graves”) y de distinta índole para implantarlo. Hubo conversaciones aplazadas y otras inútiles, en ellas se forzaban respuestas imprecisas y encubiertas, como las de un niño intentando confesar la autoría de un roto, «…bueno, se te percibe como una persona “crítica” con muchos aspectos de este sistema y nos hemos encontrado con “ciertas dificultades”…para intentar sacar este proyecto».

Como este tipo de situaciones suelen ir acompañadas de cierto grado de hostilidad en el contexto, actitudes arrogantes y mantenidas en el tiempo, ya se “intuye” qué se pretendía decir al responder con significantes inapropiados, evitar precisar sobre algo de mayor alcance que no se puede o quiere mencionar. Finalmente, eso solo sería la punta de un iceberg que guardaba un proceso encubierto de desacreditación profesional, de compromiso con la salud, con la organización y la gestión sanitaria (no quiero utilizar la palabra que describiría esa situación).

Bajo esas circunstancias y el “tejido informal” sustentando argucias bien hiladas, la seguridad y la interrelación profesional están quebradas, aun anteponiendo, la propia trayectoria, el compromiso profesional y el alcance e impacto en proyectos organizativos y asistenciales previos (demostrable). Así, en este punto, para una “supervivencia” menos compleja, “callar” y resistir es de obligado cumplimiento… siguiendo el consejo de algunos “silentes” del propio ámbito.

En las organizaciones sanitarias no siempre prevalecen criterios justos y de “interés general” para la puesta en marcha de procesos, ni siendo éstos prioritarios en salud. Por experticia afirmo, que debiera atenderse la validez y viabilidad de proyectos sostenidos en evidencia científica con soporte bibliográfico, teniendo en cuenta la especialización de promotores al respecto, los diseños de los mismos, las necesidades de apoyo, la prevalencia del “problema”, la comorbilidad que genera, así como el aval de otros profesionales especializados que justifiquen la necesidad. Como lo importante es construir los procesos, esto es, el “QUÉ” y no el “QUIÉN”, sería fundamental priorizar cuestiones de impacto en salud, de innovación en procesos y de avance profesional, en lugar de permitir que “lobbies” y cortejos, tomen decisiones basadas únicamente en intereses espurios, falsas acusaciones, manipulaciones estructuradas, o la fatigosa lucha por mantenerse en el “estatus social” del sistema.

A quienes toca vivir estos infortunios quedan “aislados” mientras el tiempo va trasponiendo la maleficencia de cada hecho, cada conspiración, y a sus protagonistas, y en definitiva, todo lo que impide que se lleven a cabo muchos proyectos, en este caso, y otros más.

Es el tiempo al trascurrir, lo que resitúa la verdad, clarifica la “crítica”, la sordidez del asunto y lo protervo que resulta anular personas e invalidar procesos de mejora, ello simplemente es, irresponsable, poco ético, tendencioso y, en su conjunto, inadmisible.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Respeto y sentido, del común también

Entrada destacada

De la crítica constructiva a la crítica como estigma (o la estigmatización como excusa)

Si bien el valor nominal está tergiversado, una crítica o juicio puede ser el resultado analítico de algo concreto, o generalizado, desde el...