lunes, 26 de diciembre de 2016

DOLOR DE VIDA





Joaquín entró por la puerta y observé a un hombre alto, fuerte, muy corpulento, de cuello corto y hombros alzados, jovial, de sonrisa fácil pero no profunda, con las manos en los bolsillos y cazadora semiabierta, hasta donde la cremallera permitía cerrar sin encogimientos… De apariencia feliz, en ausencia, como con un estatus fijado, como quien fija un pensamiento acostumbrándose a las sensaciones y así permanecer bloqueado ante la cotidianeidad fútil. Creo que se adivinaba con solo captar su mirada, inquieta y apresurada, sin posarse en el contexto.
Conocido, y descubierto en una relación momentánea, porque él así lo quería... como un hombre cumplido ante la vida y resignado al  devenir restante. 
Hice lo posible por captar su atención y darle el mínimo de atención requerida… pero él, ya se había salido… no, no era el día. 
Los esfuerzos fueron en vano, todos los aspectos a consensuar eran confirmados con persistencia como tierno infante presumiendo de adolescente tardío. Sin tos, ni expectoración, ni fatiga en estos momentos, nos permitía a ambos, una tregua no pactada pero si comprensible. Nos concedimos eso, comprensión mutua para una siguiente causa, una próxima cita en la que encararíamos problemas y responsabilidades, así que en un intento de ganarme el compromiso etéreo, lo acompañé hasta la puerta y salí con él llegando hasta su acompañante. La había observado momentos antes y me detuve en ella pensando que entraría a acompañar, no fue así. Su mirada me pareció pedírmelo, pero al invitarla no accedió, entendí quizás, otro mensaje…me dejó confusa.

La miré a los ojos, -es tu hija…-, Sí, sí, es mi hija-. Morena guapa, de grandes ojos, mirada fija, perdida pero enfocada, sentí algo y me clavó más aún.
-Ella, ella es la que está mal-, la seguí mirando y me acerqué más. Su cara me pareció más triste aún, me suplicó con la mirada. A partir de ahí, Joaquín comenzó a moverse y hablar, su tono era alto, el permanecía de pie y en una sala en la que aún permanecían pacientes…-ella, ella es la que tiene problemas- dijo, -ella está mal, no yo, lo que ha pasado y está pasando…-
Ella mantenía su cara inexpresiva, sin líneas, ni frunces, pero sus ojos cristalizaron y bajó la cabeza, permanecía sentada y sin ánimo de moverse, mientras Joaquín “rezaba” cual retahíla contenida y liberadora. No pude resistir tomarle la mano e invitarla a pasar dentro.


Me encontré, dios… con una mujer abatida, necesitada, hundida, superada, fuerte y tocada a la vez…, me produjo una revuelta de pensamientos, arengas, sentimientos, escenas fatuas, deseos, egoísmos y pataletas sin sentido…
Solo sentarme a su lado, mirarle a los ojos… sabía que había algo más que el cáncer que momentos antes su padre me había anunciado, un cáncer aún en tratamiento y en el que sorprendentemente apenas reparaba, lo contaba con la valentía y rutina de una mujer que decidió encararlo sola, sola en la intervención, porque no lo participó a sus padres hasta pasado el evento, sola, al recibir tratamiento porque solo conduce ella y supone más trastorno que le acompañen sus padres, que ir sola. En definitiva, lo daba por superado, sin alta de por medio.
Una separación previa, como punto final a una desastrosa relación matrimonial marcada por violencia de género y adicciones que durante años sobrellevó como pudo hasta salir indemne, pero a un alto precio y restaurando su vida con una nueva relación de pocos meses con la que intentaba salir de varias pesadillas a la vez. Una relación que esa misma noche había debutado con signos de esa maldita epidemia de sospechas, dominios y machismos y que ella se apresuraba en defenderse y justificarse. Tuve que mantener el tipo, la seguridad y el aplomo profesional (como mujer me estaba desintegrando). Se desmoronó y su rostro cobró vida, triste pero vida. Acababa de decírselo a su padre, hablamos del tema, largo…, su padre le había aconsejado darle una oportunidad…lágrimas, al fin…
Tan joven y tanta vida vivida de qué manera, me llevó a preguntar si tenía hijos, -sí, una hija- y bajó de nuevo la cabeza, -pero no la veo, hace mucho, no se nada de ella- dijo de nuevo mientras me miraba con ojos diferentes.

– ¿No vive contigo?- pronuncié sin saber muy bien qué preguntaba ni qué quería preguntar, rápidamente contestó: -No, desde que me separé de su padre, no sabe que he tenido cáncer, si lo sabe, no me ha preguntado, hace unos días nos vimos en un funeral, pero no me miró, no se acercó…aún no se qué he hecho.-
Mantuvimos el silencio mientras se perdía en lágrimas de resignación injusta e indebida y acompañada a puerta cerrada, dando rienda a sus sentimientos, a un desahogo que quizás no se había permitido hasta ahora. Seguimos cruzando a través… traté de acogerla y enfocarla con su propia fortaleza, la que había demostrado hasta ahora pero una herida profunda, cruenta, inexplicable no se cerraba, su hija. Necesitaba recuperar el bálsamo curativo, la relación perdida, por no saber cuándo y por qué se perdió, sin respuestas a preguntas, sin juicio y condenada, por sobrevivir, por renacer, sin comprensión, sin más. –Es lo que más me duele, lo demás no es nada.-  

Aún veo sus ojos, podría dibujarle la cara, incluso su tono de piel morena y aún oigo su voz, y podría distinguirla en una audición, y también su conformismo inconformista.


        
   

martes, 20 de diciembre de 2016

SUEÑOS REGALADOS


Es obvio, evidente y demostrable mi fasZinación por la Enfermería, una profesión apasionante aún por descubrirse en todo su máximo potencial. Un gigante dormido a punto de despertar…, que remansa preparándose para saltar por el único cauce que le conducirá inequívocamente a la máxima responsabilidad de desarrollo pleno en Cuidados de Salud.
Sorprendida y fascinada por los profesionales que en este último recorrido he tenido oportunidad de ir conociendo de una manera u otra, virtual o presencialmente. Profesionales con talento y sobradamente preparados que suman experiencia y recorrido en distintas áreas clínicas y de gestión, profesionales serios, de rigor, profesionalidad y referencia en distintos ámbitos de desarrollo y competencias. Profesionales plásticos, versátiles y creativos, profesionales disruptivos y transgresores, con ganas de partir la norma a la mitad para crear otras nuevas de inspiración fresca, participativa y contemporánea. Profesionales aguerridos y peleones por causas justas y necesarias de los que necesitan apoyo y respaldo de otros más, para la consecución de logros y adquirir peana y solidez. Profesionales contundentes y firmes en sus propósitos y en sus ganas, que día a día dan cuerpo y esencia al trabajo que desempeñan.
Profesionales que creen, que el día llegará y éste, está cada vez más cerca. Un próximo día, en el que las condiciones de la oferta y el desempeño de trabajo, estén previstas por enfermeras, para enfermeras. Un día en el que la dirección plena, la evaluación de sus servicios y producto (acostumbrémonos) justificará la mejora sustancial en salud y el necesario papel integrador entre las disciplinas, desde el protagonismo adquirido y reconocido sin complejos, ni prejuicios, por la Administración y por los aspirantes a gestionar la salud de pacientes y ciudadanos, en el contexto de las organizaciones e instituciones.
Quizás, estén pensando que demasiado optimismo para un panorama tan mediático en lo que llevamos hasta hoy, en este mes de diciembre de 2016 y que no se bien, si pedir con los ojos cerrados que acabe ya, o con una actitud por el contrario muy compartida “madrecita que me quede como estoy”, ya lo deja bien referenciado nuestro entrañable editor Fernando Campaña, “el monstruo de las sorpresas”, por su grandeza y capacidad de fasZinarme (nos), en Nuestra Enfermería.
Muchas asignaturas pendientes para sostenernos en el optimismo, pero inevitablemente como algo que me atrapa y me ciega, creo en ello y en el coraje necesario para restar camino a ese día. Sin embargo, ese optimismo no trata de ser solo un contagio inhalado, no es oír, ni escuchar un discurso, cual arenga motivante y efímera... a la salida por la primera puerta. Es un camino continuo, de día a día, de erradicación, de contracultura, de posicionamiento, tratando de ganar tierra al mar con buenos bloques y hormigón. Esto, trata de decir, basta ya, estoy aquí, yo decido, es mi criterio, no estoy de acuerdo, no lo comparto, dispuesto a llegar a un consenso, podemos discutirlo, el paciente también opina, creo que debemos escuchar a otros profesionales… por qué me haces esto…?, así no...!
Hablamos muchas veces de todos los problemas que acucian a las enfermeras, cualquiera de nuestros hijos y allegados podrían recitarlos de inicio a fin sin titubear, problemas poco visibles en cuanto a resonancia mediática que quedan en la sala de un “estar”, en pocas salas de reunión o sesiones y en muchos cafés de decoración transatlántica.
Nunca hemos llegado a tener un tratamiento, como dice una buena amiga, “Medina Sidonia” pero la dignidad no se gana a golpe de título nobiliario, la dignidad profesional se lucha o se tiene como renta heredada, en nuestro caso, la lucha del día a día, las herencias... no son nuestras.
Lucha, contra la política coercitiva que impide el crecimiento y desarrollo, lucha, contra los que nos representan, por la falta de impulso y transparencia. Lucha contra los que nos gestionan porque desconociéndonos, nos imponen directrices obsoletas que restan valor profesional y por tanto ofertan un producto final mermado y hueco, aumentando la ineficiencia intangible y por ello finalmente caro. Lucha contra los representantes de distinto orden de arriba abajo y de extremo a extremo. Lucha contra direcciones oportunistas y de aprendizaje obsoleto, si es que alguna vez aprendieron algo, que solo entienden la gestión como una forma de “mandar” y ampliar la medida física y el espacio vital a lo ancho. Gestores de innegociables propuestas y decisiones sujetas al porque yo lo mando y no…lo valgo, sin respetar el ejercicio que le corresponde a su desempeño bajo principios éticos de responsabilidad profesional y de la propia institución. Lucha contra el día a día de mandos intermedios “anclados” en la permanencia sin evolución, ni crecimiento, ni propuestas de mejora en sus áreas por un “estatus social”. Lucha contra las sectas y facciones de líderes deconstruídos y poco creíbles hoy, que quizás ayer, pudieron ser nuestros referentes, pero hoy su mecha está quemada por el egoísmo de la permanencia involutiva de no querer enriquecer y sí enriquecerse con el interés, ilusión, trabajo, creatividad y producto de los creyentes en “otra forma es posible”, la desinteresada.
Un camino que me recuerda al artículo del pasado domingo de Rosa Montero, Malditos sean los tibios. Los auténticos culpables de que la vida pueda ser tan cruel son los tibios de corazón. Permiten con su indiferencia que el Mal campe a sus anchas.
Un camino largo y corto…, depende de la velocidad, de las etapas que queramos marcar, del optimismo, de la sensatez y de la perseverancia, de la valentía… un camino imperativo de sueños no regalados, un camino…de sueños realizables.



        

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