sábado, 28 de octubre de 2017

DESMITIFICANDO EL LIDERAZGO



Conversaba recientemente con  compañeros y colegas acerca del tan mitificado y no menos manoseado término liderazgo. Dependiendo en qué contexto y por quiénes sea referido el término, confiere valor y adquiere revalorización o por lo contrario, resulta desvitalizado y recurrente.

La eterna discusión sobre si es una condición innata o se adquiere, tiene diferentes posicionamientos, algunos tan válidos y fundamentales como los que sostienen y apoyan el desarrollo del liderazgo, sobre una constante basada en principios y valores, una intención de rebasar la línea de auto exigencia actual de esta sociedad. Una línea positivista basada en la afirmación de una necesidad profunda, de ejercer el autoliderazgo como condición sine qua non para conseguir objetivos en la vida.

Desmitifiquemos por tanto, nuestra percepción sobre ello y acerquémonos a nuestras capacidades, no solo las innatas, desde luego que no, sino también las que desarrollamos en el camino de existir. 
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     Lo que existe detrás nuestro y lo que existe delante de nosotros es algo insignificante comparado con lo que existe dentro de nosotros. Emerson

La forma de vida actual no nos permite reflexionar con el detenimiento suficiente, por ello es imperativo, si realmente queremos y estamos dispuestos a descubrir capacidades para el autoliderazgo, soltar el acelerador y echar la vista a nuestro alcance, a nuestro contexto, a las personas que nos rodean y a aquellos con los que compartimos el día a día. En ocasiones, son las propias circunstancias de la vida, las que determinan que uno ha de parar sometiendo la voluntad propia al dominio de lo que acontece precipitando incluso, hacia un ejercicio rotundo de introspección vital. 

Ello puede ser significativo y hasta determinante , pues de la recuperación paulatina, se extrae un resultado de aprendizaje  que nos puede ayudar a conducir de manera diferente nuestra vida, con la confianza puesta en nuestros propios recursos. El autoconocimiento junto a la suma de valores adquiridos y principios permite aplicar bajo premisas de validez universal, este dominio en el terreno de lo personal, interpersonal y laboral. Permite el abordaje de problemas, creciendo y desarrollando fortalezas como la autoeficacia.

¿Y que son los principios y valores? Pues aquellas normas,reglas, características y aspectos  de aceptación universal con carácter ético, que permiten con su aplicación resolver situaciones, superar riesgos y también guiar y organizar para alcanzar una meta. Confianza, equidad, justicia, integridad, honestidad…y otras capacidades como la escucha activa y la empatía son elementos indispensables para liderar, pues el liderazgo, nace de uno mismo.

En estos días, en contextos científicos de calidad, adecuación y eficiencia en salud se ha abordado una vez más este aspecto, la confianza como muestra de facilitación y participación de las personas en la meta. Trabajar en torno a ella para no caer en el descrédito, entre lo que se dice y lo que se hace, la coherencia para mantener niveles de credibilidad y por tanto confianza. 
Mucho que decir aún sobre el liderazgo en las organizaciones sanitarias. Mucho por trabajar desde la confianza y el servicio a los demás y no para uno mismo. Mucho que decir aún, de la necesidad de establecer valores para una gestión eficiente, para resultados a través de las personas, en los procesos que construyen personas. Mucho que decir de un vocablo que no por “manoseado” pierde sentido sino que gana prioridad en este contexto.
Mucho por aplicar en nuestras organizaciones, desde los distintos staff de gestión directa sobre personas. Mucha reflexión necesaria acerca del autodominio y autocontrol. 

Faltan tantos “muchos” que el ejercicio del liderazgo en las condiciones actuales suele convertirse por un lado, en un ejercicio de autoflagelación entre la detección de lo que necesitas como organización, y lo que no puedes ofertar a tus profesionales para desarrollarlo. Y por otro, la fustigación frecuente a base de represión y amedrentamiento por el desempeño de los mal llamados líderes que ejercen la “potestas”. Ambas situaciones conducen a la inexorable pérdida de confianza y debilidad del compromiso, sin duda valores necesarios para sostener la colaboración de las personas y el consiguiente crecimiento de las organizaciones. 

En tiempos de crisis de liderazgo, hemos de revisar los constructos que sostienen al mismo y evitar confusiones perjudiciales sobre lo que necesitamos para avanzar en calidad, productividad y relaciones interpersonales, en el contexto de las organizaciones sanitarias.

Para poder liderar personas debemos ser capaces de autoliderarnos, nosotros, cada uno, asimismo. El liderazgo definitivamente, es una forma de ser y estar ante la vida, una forma de vivir hacia los demás, que cala y deja huella.




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