domingo, 15 de mayo de 2016

SOY PACIENTE Y HE TENIDO MIEDO


SOY PACIENTE Y HE TENIDO MIEDO

Esa mañana la agenda estaba ajustada y los pacientes empezaron a llegar, Martina estaba pendiente y tenía a punto ambas salas. Empezaba la mañana y comenzó el "goteo", la normalidad era la pauta y Martina salió una vez más acompañando al tercer paciente con informe en mano, Ganaba en habilidades técnicas y suponía una satisfacción dado el mínimo, escaso y precario además de informal tiempo de aprendizaje, que no de formación prevista...,aceptables y reproducibles...  Le hubiera gustado compartir con su compañero, el especialista, estaba segura que aportaría valor a la entrevista clínica que el mismo haría momentos después, pero no había disposición y de momento asumía esa desconsideración hasta fijar y anclar confianza.
De vuelta a la sala observó a una persona, potencial candidato o ¿acompañante?, le acompañaban "personalmente" dos muletas y al invitar al siguiente fue él, Julio, quien con dificultad se levantó adelantando el par de muletas.

Julio era joven, de unos 58-60 años, fuerte, alto y también "pasado" de peso, con una piel brillante y tersa y un toque especial de color, una serie más de matices que hacían averiguar algún paso reciente por el hospital. Martina se adelantó a pensar, con ingenuidad, que probablemente un esguince o una reciente operación dada su dificultad al deambular.
Julio se mostraba contento y participativo, con ganas de colaborar, como quien se enfrenta a una prueba con ansias de pasar de un nivel al siguiente, quizás algo más liberador.
Martina lo miró fijamente buscando respuestas en la observación detenida y compaginada con los gestos amables de alguien que pretende propiciar un encuentro a través de la cercanía facilitadora.
Las instrucciones parecían claras y el primer intento no fue frustrado, Julio quería que el resultado de la prueba le facilitara el avance en la convalecencia y eso se aprecia.
Entre respiro y respiro, Martina pregunto por su posible esguince y Julio contestó rápido aclarando que nada de esguinces, acababa de salir de una intervención tremenda en la que tuvo momentos fatídicos y al borde de la muerte incluso. 
Martina, sorprendida, recogió una señal en sus ojos vidriosos... 
Julio y una vesícula gangrenada se enfrentaron durante jornadas en el hospital en un postoperatorio infernal. Martina y su particular escucha hicieron el resto, Julio cambió el semblante y rompió a llorar, 
"Soy un luchador, siempre lo he hecho, pero esto ha sido verme morir... Las manos del cirujano me salvaron."
Martina había escuchado durante un buen rato y sabía que debía de seguir, otros pacientes llegaban y la auxiliar seguía entrando y saliendo, "-...qué poca intimidad, hablaré con ella...-.
Julio esbozaba escenas cotidianas y nada lejanas al conocimiento y sensibilidad de Martina de su paso y de su proceso.
Martina audaz, reclamó su atención en los detalles, previó que la experiencia fue más dura de lo que en principio un hombre de su apariencia y su actitud en los primeros momentos dejaron entrever.
Julio rompió a llorar, sus lágrimas recorrieron esa piel brillante y a tensión que lucía al entrar en sala y que amenazaba con apagarse ante un sentimiento atroz. Señales de estrés postraumático vivido en primera persona con vacío. Manifestó haberse sentido desolado, indefenso, y como un niño al albur de decisiones y querencias de determinados profesionales, que por la precisión con la que contaba, hizo que Martina sintiera un pudor profesional, provocado por la ilustrada narración y sintiendo que había abierto la caja de Pandora.
Los brazos de Martina no ocultaron la "carne de gallina", las lágrimas que acompañaban apuntaban la desolación sufrida, indefensión y carencias, demasiado impactantes como para controlar la reacción. 
Finalmente quiso pensar  que debía reorganizar esa situación, por un lado la escucha afectiva, la resolución y el acompañamiento, transmitir esperanza y comprensión y por Dios! acabar la prueba!.
La respuesta fue contundente y firme: "Julio, las enfermeras son responsables del cuidado del paciente y por tanto de lo que acontezca alrededor de ello, han de cuidar no solo en acto, han de prever y prevenir el daño, garantizar el bienestar y restar sufrimiento, venga de quien venga".
Julio comprendió el final y estaba de acuerdo, tratar de eximir responsabilidad ante un injustificado "no puedo hacer nada", es solo eso, no hacer nada, omisión.
Julio terminó las series con "aprobado" y marchó a la consulta con su informe, Martina por su parte notó confort y tranquilidad en Julio, quizás comentar la experiencia le viniera bien. Ella misma se sintió así, fuerte con conexión y empatía, se resistía a ser un técnico.
   
   

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